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miércoles, 4 de febrero de 2015

La horca &ø


Se desvanece la noche ante el crepúsculo con el alba ensangrentada y el amanecer anuncia la muerte con el insomnio del convicto. Enajenada la mirada con el segundero fiel a la zozobra de la pena y el minutero en la losa con las horas por condena.
El ambiente enrarecido por el hedor de la peste con los zumbidos en el oído del linaje flagelante y las alforjas del Destino caminando hacia la muerte. Las manos abatidas con los yugos del delirio en la locura, amarradas al disgusto con la pretina ceñida de los eslabones quemados por la ira del vencido ante el estallido del corazón desde el recuerdo por lo vivido y el querer del amor en la ternura del niño ante el olvido de la razón que te quema sin alivio.
Sentimientos desterrados de las emociones podridas con el llanto en el umbral de los barrotes mohosos por el pudor de la escoria y su languidez en las entrañas con las tranqueras abiertas al corredor de la muerte. 
Precoz para la vida desatina el pensamiento con el dolor de la Espiga del muerto, bramidos del susurro en las cadenas del tuerto con el alma fosilizada y el corazón desvanecido ante los ojos del sol naciente frente al agravio del horizonte con el hedor de la muerte. Sombras de la niebla por la mirada en el cielo con los temblores de la entelequia desde la lasitud del cuerpo, fúnebre silencio del verdugo sin recato con la grandeza mortal en las llagas del lamento.

  Pasos de la pena con la mirada en el suelo,
el silencio roto por las cadenas del velo,
alma con tristeza presta a levantar el vuelo,
golpes del esparto con el desprecio del pueblo.
Nudos de la madera con el peldaño muerto,
dolor de la angustia con el miedo del aliento,
la voz del verdugo te mutila con tormento,
con la soga al cuello por los suspiros del Huerto.
Tiembla la entelequia evacuado con el terror,
lágrimas del viento con la esperanza del dolor,
mira la tristeza la pasión con el corredor,
llanto de la condena con las llagas del amor.
Grito de las entrañas con la muerte en el placer,
babas del alma con el guiño del amanecer,
silencio del corazón con disgusto al perecer,
justo por injusticia que no es de merecer.

Cabizbajo y pesaroso con el arrepentimiento muerto en las laderas del puente sufre el paso del pérfido golpeado por el esparto en el calvario del vivo al verse muerto con el pavor de la horca y las tinieblas del amanecer inmaturo.
Fluidos vehementes del temor quemado se arrojan por las peanas amantes de las heridas coaguladas con el sudor de la sangre, se enriquecen las semillas del amor puro de un hombre. Celosos los pies ante el paso de la miel por los senderos de la serpiente con el fracaso en la hiel, los ojos postrados con la mirada al Ocaso en el nudo del cincel y el esparto de los mansos holgado en los cenagales de los pozos sin vergel.



Sufrimientos del rencor con la gradilla empeñada en las larvas del destino con la muerte enamorada, estridencias del desamor en las maderas podres resecas con el halado calor de las cenizas postreras calcinadas alrededor del gollete con la ternura del sol y las caricias del cielo en el nudo del corredor. El aliento entrecortado por la sutileza del verdugo, la flaqueza del espasmo con las carnes del pan, por ser mendrugo, y el Grito del silencio con el cuerpo derrotado en la furia del querer la vida sin la muerte. Desde el triunfo de las babas del alma con el Nuevo Amanecer yace la derrota de la Esencia por los miasmas de la Victoria con el pensamiento vivo en la Gloria de la Eternidad del Ser.

Perdido por inocente en la justa muerte es la verdad, 
muere compareciente con la justicia del querer, 
justo por injusticia que no es de merecer.


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