El Fin del Mundo tan sólo es una febril idea sembrada con veneno en las sienes del Ser Humano, execrable la Vida Eterna sin la concordancia de la Ciencia y con la Sapiencia humana de las personas dormida en la verdad ocultada por las deplorables Liturgias ante el Altar de la Krüz. Buscan el milagro los Prelados de poca fe en el Culto pagano hacia la Dhĕfhērš y en las nubes con alas de terciopelo se alza Espada έľ ẴřҞâńģě₤.
Invocan
al ₡orazöήs las
sombras infernales
de
miguel, Lhos pétalos negros, la Espada flores,
ǿἶös en
estado puro la Sangre de los hombres,
liberados
de las ₡έʆƉặṩ se cripta sus nombres.
El
gélido invierno abraza a su querer,
preservas
en sus entrañas el hálito del ser,
ξsῤἶrƛϮџs de Cřἶs†ṏ invocan
â Corsherer,
resplandece
la Esperanza del amanecer.
Krůzǻd’ӫ el ₱ӵᴓrϮǻ₤ se
profanaron las Ϯџϻφᴓș
del Mµϧrʇṏ,
Sherena la Mµϧrʇξ con las cadenas,
liberado
un hombre justo de sus condenas
para no
dejar de amar con la Nozarok Ǻʆ⨇ǻs.
Esencias
de las Lágrimas respiran de la mar,
excelsas
las Perlas se alzan con la Arhamar,
ѯƪCrepúsculo
de las auroras para amar
de
corazón, Lhos seres Invocan â Marismhar.
Ante la Verdad de Dioδ los Elegidos son Lhos corazones de las personas aferradas a la fe de la Esperanza Callizhar por “ser” la razón de lo que Existe. Aman al prójimo con el amor de sus almas conscientes de su Existir en la Tierra Madre de Amherhot, firmes Lhos siete Espíritus Sagrados en lo evolutivo de su propia Existencia ante lo Celestial del Firmamento
Defienden los Prelados las falacias que someten a la vida sin el compromiso de la verdad y sin comprender la realidad de la muerte en la Esencia del alma hacia el amor del SER. El prodigio es creer en uno mismo con la lealtad del amor y la realidad del querer. La verdad por ser mentira en la realidad respira y es mentira con verdad la libertad de la vida. Dioδ no es el perdón buscado en las Hϧrmytas con el ruego al alma suplicando a la piedad en la oración por nuestra Salvación. El perdón es la libertad de la sapiencia del alma con el amor del corazón omnipresente ante la Gracia del Tiempo, y en el interior del Hombre, es el querer de la razón insigne de nuestro Espacio Vital ante la Verdad de la muerte conexa a la realidad de la vida por lo Celestial de nuestra Eternidad Hμmặlha.



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